La integración de la electrólisis de agua de mar acoplada a aerogeneradores offshore flotantes responde a un cuello de botella crítico: la congestión en los nodos de nudo de nudo de conexión a red terrestres y la limitación de vertidos (curtailment) en horas de alta saturación eólica. Trasladar la conversión eléctrica a la molécula de hidrógeno directamente en alta mar reduce la necesidad de infraestructura eléctrica de alta tensión en corriente continua (HVDC). Sólo es necesario la sustitución de cables submarinos por hidroductos. Su coste por kilómetro para transportar equivalente energético es significativamente inferior a partir de distancias superiores a 50 km de la costa.
Sin embargo, el entorno marino impone un castigo mecánico y químico severo. La operación de un sistema de generación de hidrógeno offshore requiere balancear el consumo parásito de las unidades de desalinizadora por ósmosis inversa, la degradación de las membranas en presencia de cationes pesados y la oscilación de la potencia de entrada provocada por el recurso eólico variable.
Generación de hidrógeno marino (BoP)
Producir 1 kg de hidrógeno mediante electrólisis marina requiere teóricamente un mínimo energético de 33,3 kWh/kg (basado en el poder calorífico inferior, LHV). En la práctica industrial, los balances de planta (Balance of Plant, BoP) sitúan el consumo eléctrico real entre 50 kWh/kg y 55 kWh/kg para tecnologías PEM (Proton Exchange Membrane).
Para utilizar agua de mar como materia prima, el agua debe pasar por un proceso de desalinización y deionización previo. La electrólisis directa de agua de mar sin tratar es inviable a escala industrial a día de hoy debido a la reacción de evolución de cloro (CER, Chlorine Evolution Reaction) en el ánodo, la cual genera gas cloro libre (Cl2), altamente corrosivo y destructivo para la celda.
Componentes clave del sistema offshore
Desalinizadora por ósmosis inversa (RO): Consume entre 3 y 4 kWh por $m^3$ de agua permeada. Sabiendo que se necesitan aproximadamente 9 litros de agua pura por cada kg de hidrógeno, el consumo de la planta desalinizadora representa menos del 0,1% del consumo eléctrico total del electrolizador, haciendo que el impacto del tratamiento de agua en el OPEX sea marginal frente al coste de la energía eólica.
Stack de electrólisis PEM: Es la tecnología preferida para entorno offshore frente a la alcalina (AEL). Soporta variaciones rápidas de carga (0% a 160% de capacidad nominal en segundos). Opera a mayor densidad de corriente (> 2 A/cm2) y tolera mejor la inclinación y aceleraciones por oleaje al utilizar un electrólito sólido polimérico en lugar de hidróxido de potasio líquido (KOH).
Sistema de Compresión y Drying: El hidrógeno sale saturado de agua a presiones típicas de 30 bar. Requiere torres de adsorción por cambio de presión (PSA) para alcanzar una pureza del 99,97% (norma ISO 14687) y compresores de pistón libre de aceite para elevara presión de transporte (70-250 bar).
Marco regulatorio en España
En España, la viabilidad de la generación de hidrógeno marino no depende únicamente de la ingeniería, sino del marco normativo marítimo y eléctrico. La costa española presenta una plataforma continental estrecha, lo que fuerza el uso de plataformas flotantes (semi-sumergibles, SPAR o Tension Leg Platforms) frente a cimentaciones fijas (monopilotes).
Las dos normativas más importantes en España en este ambito son:
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Real Decreto 962/2024: Regula el marco para la concesión de acceso y conexión de las instalaciones de generación eólica marina y otras energías renovables marinas. Define las subastas de capacidad vinculadas a las zonas declaradas de uso prioritario en los POED (Planes de Ordenación del Espacio Marítimo).
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Nudos de Conexión y Acceso (RD 1183/2020): La producción de hidrógeno offshore desembarcado mediante hidroducto evita saturar los puntos de conexión eléctrica a la red gestionada por Redeia (REE), reduciendo los tiempos de tramitación al no requerir capacidad de vertido en la red eléctrica peninsular.
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Análisis financiero
El coste nivelado del hidrógeno (LCOH) marino se sitúa actualmente en el rango de 4,80 €/kg a 6,50 €/kg, condicionado principalmente por tres factores:
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CAPEX: La infraestructura marina (plataforma flotante + aerogenerador de >15 MW + stack PEM marinizado) eleva la inversión inicial hasta los 3,2 – 4,5 M€/MW instalado.
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Factor de Capacidad: El recurso eólico en zonas como el Estrecho de Gibraltar, la costa gallega o las Islas Canarias permite superar las 4.500 horas equivalentes al año (factor de capacidad > 50%), compensando el sobrecoste de capital frente a la fotovoltaica terrestre.
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Estrategia Arbitraje MIBEL: En momentos con precios marginales del mercado diario en el MIBEL cercanos a 0 €/MWh (por vertidos renovables terrestres), la planta offshore opera al 100% para generar hidrógeno. Si el precio del MIBEL sube, el sistema puede derivar la electricidad a la red mediante el cable (si dispone de él), optimizando los ingresos del proyecto.
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Casos reales e hitos industriales post-2026
La viabilidad comercial de estos desarrollos ha pasado de simulaciones teóricas a instalaciones piloto operativas. Dos ejemplos reales en este año son:
Proyecto Hope4Med / Pilotos en el Mar del Norte: Tras el éxito de proyectos piloto como Sealhyfe (Lhyfe), que demostró la operación continua de un electrolizador PEM de 1 MW integrado sobre una plataforma flotante a 20 km de la costa soportando condiciones de oleaje de hasta 6 metros de altura significativa, los consorcios han escalado las pruebas a potencias comerciales.
Integración en España: Iniciativas como el proyecto HOPE (Hydrogen Offshore Production for Europe) han sentado las bases para consorcios de ingeniería liderados por firmas con presencia en España (como Iberdrola, Navantia Seanergies u Ocean Winds) para testar prototipos de electrolizadores integrados directamente en las celdas de la subestación marina o en la propia base del aerogenerador (directly-coupled wind-to-hydrogen turbine), reduciendo el LCOH objetivo hacia los 3,50 €/kg proyectados.
Metodologías para la generación de hidrógeno marino
Un grupo de investigadores de la Universidad de ingeniería de Galati en Rumania ha estudiado la viabilidad de estos sistemas complejos. La investigación se apoya en herramientas de reanálisis climático de alta precisión, concretamente la base de datos ERA5 del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF), integrada en el servicio Copernicus. Este modelo proporciona una descripción continua y coherente del estado de la atmósfera y los océanos mediante la combinación de observaciones meteorológicas y modelos numéricos globales.
En el estudio se han procesado diez años de datos horarios (del periodo 2016-2025) para entender el comportamiento del viento a 10 y 100 metros de altura. El movimiento del aire es de oeste a este y de sur a norte. La precisión en la medición de las componentes horizontales del viento es crítica. El motivo es que pequeñas variaciones en la velocidad pueden traducirse en diferencias sustanciales en la producción final de energía y, por lo tanto, en la eficiencia del proceso de electrólisis.
Modelos de generación de hidrógeno marino
La selección de la tecnología adecuada es el núcleo del éxito operativo en entornos marinos hostiles. El estudio plantea una comparativa rigurosa para identificar la configuración óptima entre diversos tipos de turbinas eólicas y electrolizadores. No todos los aerogeneradores responden igual ante las turbulencias oceánicas, ni todos los electrolizadores mantienen la eficiencia ante la fluctuación de la carga eléctrica característica del viento.
Al analizar ocho emplazamientos distintos, se observa que la idoneidad técnica varía según la ubicación geográfica; factores como la profundidad del agua, la distancia a la costa y la consistencia del recurso eólico determinan si es más rentable priorizar la cantidad de hidrógeno producido o la estabilidad del suministro. La ingeniería actual busca, mediante simulaciones numéricas avanzadas, minimizar el coste nivelado del hidrógeno (LCOH), asegurando que la infraestructura pueda resistir la corrosión marina mientras opera en su punto de máxima eficiencia termodinámica.
Los datos revelan que, si bien la base de datos ERA5 es una de las más avanzadas del mundo, tiende a subestimar la intensidad de los vientos fuertes en áreas costeras complejas, lo que exige un calibrado meticuloso con registros reales para no infravalorar el potencial energético de un sitio. A pesar de estos sesgos técnicos, los resultados confirman la viabilidad técnica de la producción de hidrógeno offshore. La cantidad de energía neta anual disponible en las localizaciones estudiadas permite proyectar una producción de hidrógeno capaz de abastecer sectores industriales difíciles de electrificar, como la siderurgia o el transporte pesado marítimo.
La integración de sistemas híbridos donde la turbina y el electrolizador operan de forma coordinada reduce las pérdidas por transporte eléctrico y optimiza el uso de la infraestructura marina, consolidando este modelo como un pilar fundamental para la soberanía energética europea en las próximas décadas.
Sobre la generación de hidrógeno marino
El océano ha dejado de ser únicamente un espacio de tránsito comercial para convertirse en la pieza maestra del tablero energético europeo, donde la búsqueda de la neutralidad climática encuentra en el hidrógeno verde su aliado más ambicioso. La posibilidad de transformar las rachas de viento en alta mar en moléculas de energía transportables supone una revolución técnica. Este avance permitirá solventar uno de los mayores dilemas de las renovables: su intermitencia y la dificultad de almacenamiento a gran escala.
A través del análisis de ocho emplazamientos estratégicos y el uso de bases de datos climáticas de última generación, la ciencia actual está definiendo no solo cómo capturar la fuerza del viento, sino cómo convertir el mar en la refinería limpia del siglo XXI.
La transición energética global ha impulsado el crecimiento exponencial de la eólica marina, alcanzando una capacidad instalada mundial de aproximadamente 79,43 GW al cierre de 2024. Esta expansión no es casual; los parques offshore presentan factores de capacidad significativamente superiores a sus homólogos terrestres. Esto es debido a vientos más constantes y potentes. Además, se evitan las restricciones de disponibilidad de suelo. Sin embargo, el verdadero salto cualitativo reside en la integración tecnológica. La electricidad generada por las turbinas no se envía directamente a la red, sino que se utiliza in situ para alimentar electrolizadores de hidrógeno. Este proceso permite la obtención de hidrógeno sin emisiones de carbono, un vector energético versátil que puede ser almacenado, transportado en buques o inyectado en gasoductos, maximizando la rentabilidad de las infraestructuras en zonas alejadas de la costa.







