El vector energético destinado a liderar la descarbonización industrial oculta un compromiso técnico que la planificación ambiental apenas comienza a cuantificar: la obtención de los millones de litros de agua ultrapura que requieren los electrolizadores de hidrógeno a escala gigavatio.

Aunque el hidrógeno renovable promete neutralizar las emisiones del transporte pesado y la siderurgia, la extracción del recurso hídrico necesario para su síntesis en geografías vulnerables amenaza con desplazar la presión ecológica desde la atmósfera hacia las cuencas fluviales o los ecosistemas marinos. Descubrir si el tratamiento extensivo de salmueras o el uso directo de acuíferos resulta sostenible exige analizar el ciclo de vida completo del proceso.

El dilema del agua en la producción de hidrógeno verde

La reacción electroquímica que descompone la molécula de agua en hidrógeno y oxígeno representa el pilar fundamental de la economía limpia proyectada para las próximas décadas. Sin embargo, desde una perspectiva estrictamente estequiométrica, la obtención de un kilogramo de hidrógeno requiere como mínimo nueve litros de agua purificada.

En la práctica industrial, al incorporar las pérdidas de rendimiento, los procesos de refrigeración y los sistemas de adecuación del recurso, esta cifra oscila entre los quince y los treinta litros de agua por kilogramo producido. En geografías con elevado estrés hídrico (entre las que destacan España, Australia y los Emiratos Árabes Unidos), la implantación masiva de plantas electrolíticas plantea un interrogante crítico sobre la procedencia del suministro.

Para evaluar objetivamente esta problemática, los investigadores Hamad Ahmed Al-Ali y Koji Tokimatsu han desarrollado un Análisis de Ciclo de Vida (ACV) comparativo detallado en la revista Clean Technologies. El estudio examina tres vías principales de abastecimiento hídrico: la desalinización convencional de agua de mar con vertido de salmuera, la desalinización avanzada integrada con sistemas de eliminación o minimización de efluentes líquidos (Zero Liquid Discharge o ZLD) y la depuración directa de fuentes continentales de agua dulce. El análisis abarca un marco geográfico tripartito para contrastar cómo la disponibilidad natural de agua y la composición de la red eléctrica regional alteran los impactos ambientales globales.

Las conclusiones del ACV demuestran que no existe una solución universalmente inocua. La elección de la fuente hídrica desencadena una serie de transferencias de carga ambiental (trade-offs) entre la conservación de los recursos continentales y el incremento del consumo energético o la degradación de los ecosistemas marinos. La planificación de infraestructuras debe, por lo tanto, abandonar los enfoques monolíticos e integrar análisis acoplados de agua y energía.

impacto ambiental del hidrógeno

Evaluación del agua en la producción de hidrógeno

Cuando la fuente elegida para alimentar los electrolizadores de hidrógeno es el océano, la tecnología dominante es la ósmosis inversa. Este proceso genera dos corrientes: una de agua permeada de alta pureza y otra de salmuera concentrada que duplica la salinidad del agua de mar receptora. El vertido continuado de esta salmuera, habitualmente acompañada de aditivos químicos anti-incrustantes y biocidas utilizados durante el pretratamiento, provoca fenómenos localized de hipoxia y alteración salina en el bentos marino.

Para mitigar estos efectos, se han propuesto esquemas de tratamiento de salmuera orientados a la recuperación de sales y la reducción a cero de vertidos líquidos. No obstante, el estudio evidencia la presencia de una paradoja técnica: mientras que el tratamiento intensivo de la salmuera reduce drásticamente los indicadores de toxicidad acuática y eutrofización marina, el coste energético necesario para evaporar y cristalizar los efluentes se eleva exponencialmente. En países donde la matriz eléctrica conserva un peso significativo de combustibles fósiles, la energía adicional requerida para tratar la salmuera incrementa las emisiones indirectas de gases de efecto invernadero, anulando parcialmente el beneficio climático del vector energético.

Por otro lado, recurrir al agua dulce continental evita los costes energéticos de la desalinización y elimina los vertidos marinos, mostrando valores sustancialmente menores en categorías de impacto como el calentamiento global o la acidificación. Sin embargo, en cuencas hiperexplotadas como las del sur y levante peninsular español, la extracción masiva para fines energéticos compite directamente con el consumo humano, la agricultura y el mantenimiento de los caudales ecológicos. El indicador de escasez de agua se dispara en estos escenarios, convirtiendo la vía continental en una opción ambientalmente arriesgada en regiones con estrés hídrico recurrente.

La matriz energética en la producción de hidrógeno verde

La sensibilidad de los modelos de ciclo de vida revela que la huella ambiental del agua utilizada depende de manera directa de la intensidad de carbono de la red eléctrica que alimenta las plantas de tratamiento. En la comparativa internacional elaborada por el estudio, los Emiratos Árabes Unidos presentan la mayor penalización ambiental en las opciones de desalinización intensiva debido a una matriz dominada por el gas natural. En el extremo opuesto, escenarios con alta penetración de energías renovables permiten absorber el sobrecoste energético del tratamiento de salmueras sin comprometer los objetivos de descarbonización.

El caso español resulta ilustrativo por su posición intermedia y su elevada cuota de generación eólica y solar. La integración de plantas desalinizadoras dedicadas exclusivamente a la electrólisis, alimentadas mediante instalaciones fotovoltaicas o eólicas off-grid (aisladas de la red), permite neutralizar los impactos indirectos del tratamiento del agua. Bajo este esquema de acoplamiento directo, la huella de carbono asociada al suministro hídrico pasa a representar un porcentaje marginal —inferior al 2 %— del impacto total de la cadena de valor del hidrógeno.

El estudio concluye que las políticas públicas no pueden evaluar la producción de hidrógeno considerando el agua como un insumo secundario o ilimitado. La sostenibilidad del vector depende de una planificación territorial rigurosa donde la selección del emplazamiento considere simultáneamente la radiación solar o el recurso eólico, la capacidad de acogida del medio marino frente a los vertidos salinos y la resiliencia de las cuencas hídricas locales.

Fuentes consultadas: Clean Technologies