El Gobierno argentino ha formalizado un contrato de reactores modulares avanzados para generar energía. La propuesta de inversión privada ha sido realizada por parte de Meitner Energy, que es una firma estadounidense. El contrato define la implementación de un reactor modular pequeño (SMR) en el Complejo Nuclear Atucha, ubicado en Lima, Zárate, provincia de Buenos Aires.
Este ambicioso proyecto, valorado en aproximadamente US$1.200 millones, prevé la utilización de un reactor ACR-300 (Advanced Compact Reactor) de Generación III+, operando bajo la robusta tecnología de agua presurizada (PWR) y con una capacidad de generación eléctrica de alrededor de 300 MWe. De materializarse, este SMR sería el primero de su tipo a nivel comercial global, lo que representa un avance tecnológico trascendental y se estima que generará aproximadamente 2.000 puestos de trabajo directos a lo largo de sus fases de desarrollo y operación.
Un diseño de reactores modulares avanzados con proyección global
El ACR-300 no es una adaptación de tecnología foránea, sino la culminación de la extensa trayectoria de Argentina en ingeniería nuclear. Su tecnología fundamental fue desarrollada y patentada por INVAP (Investigación Aplicada), una empresa estatal provincial de la provincia de Río Negro, que aseguró la patente en Estados Unidos en 2024. Meitner Energy funciona como el catalizador comercial para la proyección internacional de esta tecnología, operando mediante una licencia de comercialización. La estructura accionaria de Meitner Energy se articula como una *joint venture*, con el Ansari Group, liderado por Hamid Ansari, detentando el 60% del capital, y el 40% restante en manos de Black River Technology, una subsidiaria controlada por INVAP.
El diseño intrínseco del ACR-300 integra principios de física de reactores de agua pesada, un campo donde Argentina posee una vasta experiencia, con las metodologías avanzadas de reactores de agua ligera. Fuentes especializadas indican que el núcleo del reactor emplea moderación por agua pesada, mientras que el sistema de refrigeración utiliza agua ligera convencional, lo que asegura su compatibilidad con los paradigmas operativos de la industria nuclear global. Esta configuración híbrida, sumada a su flexibilidad para operar con uranio ligeramente enriquecido (SEU), uranio natural o combustibles de óxido mixto (MOX), mitiga significativamente la vulnerabilidad a interrupciones en cadenas de suministro especializadas.
La fabricación de reactores modulares avanzados
La selección estratégica del Complejo Nuclear Atucha para la implantación de este proyecto obedece a su infraestructura consolidada, que ya alberga las centrales Atucha I (362 MWe) y Atucha II (745 MWe). Este emplazamiento proporciona el personal técnico cualificado y el marco regulatorio robusto necesarios para una iniciativa de esta magnitud. La propuesta de Meitner Energy se inserta en un plan nuclear nacional más amplio, que considera la potencial agregación de hasta cuatro unidades ACR-300 en el mismo sitio, proyectando una capacidad total instalada de 1,2 GWe.
Un pilar fundamental del ACR-300 radica en su concepción para la fabricación modular. Los componentes clave del reactor están optimizados para su manufactura *off-site* y posterior transporte para el ensamblaje final. Las proyecciones de la industria sugieren que este enfoque podría acortar los plazos de construcción a aproximadamente cinco años, una vez obtenidas las licencias regulatorias pertinentes. Esta metodología es inherente a la propuesta de valor de los SMR, cuyo objetivo es minimizar los tiempos de despliegue y ofrecer una predictibilidad de costes superior en comparación con las centrales nucleares de gran escala.
Inversión privada dentro de un Marco regulatorio
El ministro de Economía, Luis Caputo, fue el encargado de comunicar oficialmente este desarrollo, enfatizando en sus canales digitales que el proyecto representa «una inversión estimada de 1.200 millones de dólares, financiada con capital privado estadounidense y sustentada en una patente de origen argentino».
La totalidad de la inversión será cubierta por capitales privados de Estados Unidos, un factor que las autoridades resaltan como un indicativo de la confianza en la capacidad estratégica y el ecosistema nuclear argentino. Para facilitar la materialización de este proyecto, Meitner Energy ha solicitado su inclusión en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias (Súper RIGI). Este esquema legislativo, actualmente en fase de deliberación en el Congreso, propone un marco de estabilidad fiscal y cambiaria por 30 años para inversiones superiores a US$1.000 millones.
El acuerdo marco estipula que Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA), la entidad estatal responsable de la operación de las centrales nucleares del país, detentará el derecho preferente de asumir la operación y el mantenimiento de la futura planta bajo términos de mercado, una vez concluida su construcción. Adicionalmente, Meitner Energy compensará con un canon por el usufructo del derecho real de superficie sobre el predio destinado al reactor. Federico Ramos Napoli, secretario de Asuntos Nucleares, enfatizó: «La elección de nuestro país por parte de una empresa privada para edificar su primer reactor valida que nuestro capital técnico, bajo condiciones propicias, se traduce en inversión, generación de empleo y producción de energía base limpia.» No obstante, la iniciativa aún debe navegar un riguroso proceso regulatorio, que incluye la aprobación del Ministerio de Economía para su adscripción al Súper RIGI y, fundamentalmente, la obtención del licenciamiento de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN).
Esta iniciativa proyecta a Argentina no solo hacia una diversificación estratégica de su matriz energética y la consolidación de su autonomía tecnológica, sino también la posiciona como un epicentro atractivo para la inversión en el emergente sector de los reactores modulares pequeños, un componente crucial para la evolución de la energía nuclear a escala mundial.
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