¿Es viable el biocombustible como vector energético? Análisis de densidad, CAPEX y regulación en España

La descarbonización del transporte pesado (marítimo, aéreo y terrestre de larga distancia) presenta limitaciones técnicas insalvables para la electrificación directa mediante baterías de ion-litio. El peso acumulado de las celdas compromete la carga útil de los vehículos, lo que obliga a buscar alternativas líquidas de alta densidad. Es aquí donde el biocombustible como vector energético se consolida como la única vía de transición inmediata, aprovechando la infraestructura de transporte y almacenamiento ya existente (antigua red de CLH, hoy Exolum) sin requerir una renovación total de las flotas de motores de combustión interna.

Sin embargo, su viabilidad no depende de buenas intenciones medioambientales, sino de un análisis estricto de balances de energía, rendimientos térmicos, logística de refino y el cumplimiento de los mandatos impuestos por la normativa europea y española.

Biocombustible como vector energético: Límites físicos, eficiencias y procesos de conversión

Para evaluar el biocombustible como vector energético frente a alternativas como el hidrógeno molecular (H2) o las baterías, el primer indicador a analizar es la densidad energética y el rendimiento de sus procesos de síntesis. Los biocombustibles modernos se dividen principalmente en combustibles avanzados de segunda generación (2G), fabricados a partir de residuos agrícolas, forestales o aceites usados (UCO), evitando el conflicto con el suelo alimentario.

El proceso dominante para el diésel renovable es el hidrotratamiento de aceites vegetales o grasas (HEFA/HVO). La reacción química básica de hidrodesoxigenación satura los dobles enlaces y elimina el oxígeno de los triglicéridos empleando hidrógeno, produciendo alcanos lineales idénticos al diésel de automoción de origen fósil:

Este proceso químico arroja parámetros térmicos muy específicos comparados con otros vectores:

  • Densidad energética del HVO: Alrededor de 44  MJ/kg (muy similar a los 43  MJ/kg del diésel convencional), en contraste con los exiguos 0,5 – 0,9 MJ/kg de las baterías de ion-litio comerciales a nivel de pack.

  • Eficiencia de ciclo (Well-to-Wheel): Aunque el motor de combustión que consume el biocombustible está limitado por el ciclo diésel o ciclo Sabathé a eficiencias reales de entre el 35% y el 42%, la densidad energética compensa la menor eficiencia termodinámica frente al motor eléctrico (>85%) en trayectos de larga distancia.

Los componentes clave en la cadena de refino y distribución:

  • Reactores de hidrotratamiento (HDU): Equipos de alta presión (60-100 bar) y temperatura (300 – 400 °C) donde se produce la hidrogenación catalítica.

  • Unidades de isomerización: Estructuras críticas para modificar la estructura molecular de las parafinas lineales en ramificadas, mejorando el punto de obstrucción de filtros en frío (CFPP), parámetro clave para el invierno en la península ibérica.

  • Infraestructura de almacenamiento compatible: A diferencia del biodiésel convencional (FAME), el HVO no presenta problemas de higroscopicidad ni degradación biológica, lo que permite utilizar directamente los tanques de acero al carbono y tuberías del sistema logístico nacional.

Marco regulatorio en España y viabilidad financiera del vector

La integración del biocombustible como vector energético en España está estrictamente regulada por la transposición de la Directiva de Energías Renovables de la UE (RED III) y gestionada a nivel estatal mediante el Sistema de Certificados de Biocarburantes administrado por la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia).

El marco regulatorio real

  1. Objetivos de incorporación (Fomento de Biocarburantes): El Real Decreto 1085/2015 y sus actualizaciones imponen a los sujetos obligados (operadores de productos petrolíferos al por mayor, como Repsol, Cepsa o BP) objetivos mínimos de venta de biocarburantes, que se sitúan por encima del 10,5% en contenido energético. El incumplimiento deriva en sanciones financieras directas que actúan como un suelo de precio para los biocarburantes en el mercado mayorista.

  2. Aviación y Marítimo (ReFuelEU): Las normativas sectoriales de la UE obligan a que el SAF (Sustainable Aviation Fuel) represente un porcentaje creciente de las cargas en aeropuertos españoles (iniciando en un 2% y escalando hasta el 70% para 2050). Esto ha forzado a compañías de distribución física como Exolum a adaptar plantas enteras (como sus terminales en el Puerto de Barcelona o Bilbao) para segregar, mezclar y certificar la trazabilidad del combustible sostenible mediante balance de masas.

Análisis de Viabilidad Económica (CAPEX y OPEX)

El coste de producción del HVO y del SAF sigue estando fuertemente penalizado por el coste de la materia prima (OPEX), que representa entre el 70% y el 80% del coste total del combustible terminado.

Parámetro Financiero Diésel de Origen Fósil HVO (2G / Residuos) Combustibles Sintéticos (e-fuels / H2)
CAPEX Inicial Bajo (Refinerías totalmente amortizadas) Medio (Reconversión de unidades de desulfuración existentes) Muy Alto (Requiere plantas de captura de CO2 y electrolizadores MW)
OPEX Medio (€/litro)

0,60  –  0,80

1,20 – 1,60 2,50 – 4,00
LCOE equivalente (€/MWh)  60 – 80 120 – 160 > 250
Compatibilidad con Flotas 100% 100% (Drop-in directo en motores Euro VI) 100%

El modelo financiero actual en España demuestra que, aunque el OPEX del HVO duplica al del diésel fósil, su CAPEX de implantación es drásticamente inferior al desarrollo de la infraestructura de recarga eléctrica de alta potencia en carretera (MCS – Megawatt Charging System) o hidrogeneras a 350/700 bar para transporte pesado. Esto otorga al biocombustible avanzado un payback implícito inmediato para los operadores de flotas logísticas que necesitan reducir su huella de carbono auditada de alcance 1 y 2 de forma inmediata.

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¿Por qué el biocombustible es vector energético renovable?

Un vector energético renovable se refiere a un portador de energía que puede ser regenerado de manera continua y sostenible a partir de fuentes naturales. Para que un combustible alcance esta calificación, debe cumplir los siguientes aspectos técnicos:

Fuente de energía primaria: El combustible debe derivarse de fuentes de energía que se regeneran de manera natural y continua, como la energía solar, eólica, hidráulica, geotérmica, y biomasa. Estas fuentes son inagotables a escala humana y no se agotan con el uso.

Ciclo de vida del carbono: Un vector energético renovable debe tener un ciclo de vida del carbono cerrado o casi cerrado. Esto significa que la cantidad de dióxido de carbono (CO₂) emitida durante su producción y uso debe ser compensada por la cantidad de CO₂ absorbida durante su ciclo de vida. Por ejemplo, los biocombustibles derivados de plantas absorben CO₂ durante su crecimiento, compensando las emisiones generadas durante su combustión.

Impacto ambiental reducido: La producción y el uso de vectores energéticos renovables deben tener un impacto ambiental significativamente menor en comparación con los combustibles fósiles. Esto incluye menores emisiones de gases de efecto invernadero, menor contaminación del aire y del agua, y una menor huella ecológica. Por ejemplo, esto se aprecia bien en las diferencias que se encuentran entre el hidrógeno y el metano.

Sostenibilidad: La explotación de los recursos para producir vectores energéticos renovables debe ser sostenible a largo plazo. Esto implica prácticas de gestión que aseguren la regeneración continua de los recursos naturales utilizados, evitando la degradación del medio ambiente y la pérdida de biodiversidad.

Tecnología de conversión: La tecnología utilizada para convertir la fuente primaria en un vector energético debe ser eficiente y estar en constante mejora. Por ejemplo, la tecnología fotovoltaica convierte la energía solar en electricidad de manera eficiente y está en continuo desarrollo para mejorar su rendimiento y reducir costes.

Almacenamiento y distribución: Los vectores energéticos renovables deben ser fácilmente almacenables y distribuibles. Esto incluye el desarrollo de tecnologías de almacenamiento de energía, como baterías avanzadas, y sistemas de distribución eficientes que minimicen las pérdidas de energía.

Una vez analizados todos los componentes, vemnos que el biocombustible cumple los parámetros para ser considerado un vector energético. A partir de aquí, podemos ver como las empresas de energía están desarrollando los biocombustibles para ampliar sus aplicaciones.

Ejemplo de biocombustible como vector energético

El biocombustible como vector energético renovable representa una alternativa eficiente y rentable con un impacto ambiental reducido. Un ejemplo de aplicación lo encontramos en la empresa de energía española Exolum. Esta empresa de hidrocarburos está desarrollando una estrategia de diversificación centrada en los nuevos biocombustibles. Esta linea de biocombustibles es uno de los pilares fundamentales de su estrategia empresarial, llegando incluso a adelantar sus metas de neutralidad climática para el año 2040.

El uso de biocombustibles como vector energético se aplica como un instrumento probado y efectivo para descarbonizar el transporte pesado. Así, los biocombustibles se muestran como la solución más viable en el corto plazo para abordar el sector aéreo y marítimo.

Avikor: biocombustible para aviación

Avikor es una iniciativa de Exolum, que permite a los usuarios contribuir a la sostenibilidad de sus vuelos. Este producto se enfoca en impulsar combustibles ecológicos de última generación, entre ellos, el Sustainable Aviation Fuel (SAF), orientado al sector de la aviación. En este ámbito, Exolum lanza la plataforma Avikor. Se trata de una herramienta que permite a los usuarios elegir el porcentaje de biocombustible como vector energético en sus vuelos. Ofrece la posibilidad de reducir las emisiones de CO2 en hasta un 80%.

La compañía está realizando un significativo esfuerzo para adecuar sus instalaciones al almacenamiento y transporte de biocombustible como vector energético. Para ello, ha incrementando el número de tanques. Así puede ofrecer mayor capacidad de almacenamiento y amplia su rango de componentes y materias primas. La situación actual está caracterizada por la urgente necesidad de avanzar en la transición energética. 

La instalación de Barcelona

Un claro ejemplo de este proceso de adaptación se evidencia en la instalación de Barcelona, que es una de las destacadas dentro de su red logística en España. Esta instalación es capaz de almacenar y manipular biocarburantes junto con sus componentes y materias primas.

En paralelo, Exolum aborda el hidrógeno verde como otro de sus vectores energéticos con gran potencial. Para ello, proporciona servicios integrales de transporte y almacenamiento para el hidrógeno y sus derivados, como el amoníaco o el metanol verde. Realiza el transporte a cortas distancias desde las zonas de producción hasta las áreas de consumo. Para lograrlo, al igual que en el caso de los biocombustibles, se enfoca en el desarrollo de tecnologías avanzadas. Busca la utilización eficiente y sostenible de las infraestructuras existentes. Un caso concretoes el almacenamiento y transporte de hidrógeno en forma líquida mediante portadores de hidrógeno orgánico líquido (LOHC).

 El hidrógeno verde en movilidad

Adicionalmente, Exolum promueve el desarrollo del hidrógeno como combustible. En este sentido, destaca la operación en pruebas de una planta de producción y expedición de H2 para movilidad en la Comunidad de Madrid, con una capacidad de producción de 60 toneladas al año. También, ha establecido colaboraciones con diversas startups. En concreto ha seleccionado aquellas que se dedican a la investigación del hidrógeno y su aplicación respetando el medio ambiente.

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