En las zonas rurales de España, el futuro energético no llegará en forma de grandes centrales térmicas ni de interminables líneas de alta tensión. Llegará en forma de hidrógeno verde producido junto a los campos de cultivo, en antiguas naves ganaderas reconvertidas en plantas de electrólisis y en pequeños nodos energéticos conectados al sol y al viento. Como ingeniero de energía, sostengo que el desarrollo del hidrógeno en el medio rural no es una opción estética ni una moda tecnológica: es una estrategia de país.

España posee uno de los mayores recursos solares de Europa y amplias áreas con excelente potencial eólico, especialmente en regiones rurales que hoy sufren despoblación y envejecimiento. Allí donde antes la distancia era un problema, ahora puede convertirse en ventaja competitiva. La producción de hidrógeno verde requiere espacio para instalaciones renovables y disponibilidad de suelo, dos factores que el entorno rural ofrece con holgura.

El hidrógeno permite almacenar la energía que el sol y el viento generan de forma intermitente. Esta capacidad resuelve uno de los grandes desafíos de las renovables: la variabilidad. En lugar de desaprovechar excedentes eléctricos en horas de alta producción, las plantas rurales pueden convertir esa electricidad en hidrógeno, creando una reserva energética transportable y utilizable cuando la demanda lo requiera.

Además, el hidrógeno abre la puerta a una nueva industrialización descentralizada. Pequeñas y medianas industrias agroalimentarias, cooperativas y empresas logísticas podrían utilizar hidrógeno como combustible limpio para procesos térmicos, maquinaria pesada o transporte de mercancías. De este modo, el valor añadido dejaría de concentrarse en grandes polos urbanos y comenzaría a generarse cerca del origen de los recursos.

El impacto socioeconómico sería profundo. La construcción y operación de infraestructuras de hidrógeno demandará técnicos, ingenieros, operadores y personal de mantenimiento. Cada planta puede convertirse en un foco de empleo cualificado y estable, capaz de fijar población y atraer talento joven a territorios que hoy luchan por sobrevivir demográficamente.

El hidrógeno en zonas rurales

Desde el punto de vista estratégico, desarrollar hidrógeno en zonas rurales fortalece la soberanía energética nacional. España podría reducir su dependencia de combustibles fósiles importados y posicionarse como exportador de hidrógeno verde hacia otros países europeos. Las áreas rurales, tradicionalmente periféricas en el mapa económico, pasarían a ocupar un lugar central en la arquitectura energética del continente.

El horizonte es claro: campos que no solo producen alimentos, sino también energía limpia; pueblos que no solo consumen electricidad, sino que la transforman y la almacenan; territorios que no esperan inversiones, sino que las generan. El hidrógeno verde puede convertirse en el puente entre la transición energética y la revitalización rural.

Para liderar la próxima revolución energética, es preciso mirar más allá de sus grandes ciudades. El futuro, esta vez, puede nacer en el campo.

IES Instituto de energías sostenibles

SHAREDH2-SUDOE: hidrógeno en zonas rurales

El proyecto SHAREDH2-SUDOE investiga la implantación de hidrógeno en zonas rurales. Este proyecto se centra en la optimización del aprovechamiento del hidrógeno verde en áreas rurales mediante la generación y almacenamiento a pequeña escala, haciendo uso de excedentes de energía. 

En respuesta a la creciente necesidad de alternativas a los combustibles fósiles, el hidrógeno verde emerge como una solución versátil. Este puede aplicarse en la descarbonización de la industria de fertilizantes, como combustible en sectores difíciles de electrificar o en el transporte pesado. Se puede plantear como una alternativa al biodiesel verde. También, se enfoca como un medio efectivo para almacenar energía a medio y largo plazo.

3 proyectos pilotos para impulsar el hidrógeno en zonas rurales

El proyecto contempla la realización de tres proyectos piloto, que abarcan desde una comunidad solar en Bembibre con instalación fotovoltaica para autoconsumo, hasta una comunidad energética en el Campus de Bidart de la Escuela de Ingeniería ESTIA. Esta contará con una instalación fotovoltaica para alimentar una flota de bicicletas de hidrógeno. Además, se establecerá un laboratorio de pruebas en las regiones de Alto Alentejo y Leiria, Portugal. Su objetivo es producir y utilizar hidrógeno a partir de energía fotovoltaica con aplicación en movilidad.

El proyecto incluye un diagnóstico exhaustivo del hidrógeno en todo el territorio de Portugal, España y el sur de Francia. Así como, el estudio de comunidades energéticas y sesiones de formación. Además, se elabora un plan de transferencia basado en las conclusiones de los proyectos piloto. El hidrógeno renovable es una fuente de energía alternativa, que sirve para potenciar las zonas rurales estratégicas. Desarrolla nuevas actividades económicas sostenibles, a la vez que mitigar los impactos ambientales y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.